domingo, 17 de abril de 2016

¿Habla escénica?

El término habla escénica no aparece en Castellano, que sepamos, hasta 1996.
Se había utilizado cadencia cómica (Rezano, 1768: 70) y genéricamente declamación, cuando en el siglo XIX los maestros del teatro se esforzaron en diferenciarla de la retórica y la oratoria, a la que se asociaba desde los tratados clásicos de Cicerón y Quintiliano. A los maestros y actores declamación les parecía un término inadecuado para definir el arte del actor, porque se pensaba en la ampulosa y demodé actuación barroca.
Usaban palabras técnicas como alientosacento de la vozinflexionespronunciaciónprosodiatonodicciónlocuciónhablar en escena, etc., y con el tiempo acuñaron otras expresiones disciplinares como artes de la palabra (Guerra, 1884). Los términos del canto se mantuvieron muy estables, mientras los avances científicos de la filología (gramática, ortología), física, anatomía, fisiología, psicología, aportaron una terminología más objetiva desde mediados del siglo XIX, y similar a la actual. Por su parte las teorías estéticas del arte escénico [1] clasificaban la Voz, Ortofonía y Dicción dentro de la Tónica, uno de los medios expresivos básicos de los actores (Carner, 1890: 44).
El concepto de Habla escénica como parte de la formación y el trabajo del actor fue formulado vigorosamente por Stanislavski, sin embargo, la expresión no aparece como tal en sus textos, sino habla en escena” [2] o lenguaje escénico” [3]. Con toda probabilidad el término fue acuñado por sus discípulos, de donde pasó a denominar una asignatura obligatoria en el GITIS (Instituto Nacional de Arte Teatral, en Moscú): сценическая речи, [stsenicheska pre:tsi]; en inglés scenic speech, y en Castellano: habla escénica o de la escena.
En 1996 se publicó en España la traducción de El último Stanislavski, de su discípula María Osipovna Knebel, y en 1998 La palabra en la creción actoral. Es la primera vez que aparece el término habla escénica en Castellano, introducido en la traducción por Jorge Saura, que precisamente había estudiado en el GITIS. En estas ediciones de la Editorial Fundamentos colaboraba el Teatro de La Abadía y los prólogos son de José Luis Gómez, que también usa la expresión.
Frutos (2014: 87 y s.) refiere que en La Abadía Vicente Fuentes había impartido voz y palabra desde 1995, y que José Luis Gómez leyó una conferencia titulada El habla escénica en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en 1998. Los cursos de Ernesto Arias y Vicente Fuentes, ambos vinculados a La Abadía desde sus orígenes, incluyen habitualmente habla escénica” en sus programas.
Desde el año 2010 viene siendo utilizada en el Departamento de Voz y Lenguaje de la ESAD de Murcia. Es una asignatura del Grado en Artes Escénicas de la Universidad Nebrija de Madrid. Igualmente aparece en dos tesis recientes: Frutos (2014) Fundamentos técnicos de trabajo del habla escénica (voz y palabra) en el Teatro de La Abadía, 1994-2010; y Varona (2015).
Subyace de manera generalizada la división en dos partes: voz y palabra. Además, el concepto desborda la comunicación teatral (habla teatral. Trancón, 2004), pues son muy diversos los profesionales que hacen un uso escénico y artístico de la voz y el habla: cantantes, maestros y profesores, oradores, predicadores, locutores, rapsodas... (Bustos, 2007: 40), y que no son actores. 
La actividad teatral es considerada una construcción disciplinar de la oralidad (Abascal, 2002: 465), es decir, con unos contenidos y técnicas propias; pero el asunto desborda este post...

¿Qué diferencia entonces el habla escénica teatral? Se han señalado algunos rasgos [4]:
- Uso artístico de la voz y el lenguaje.
- Ocupa un espacio propio, entre el habla literaria ­(no es literatura)­ y el habla ordinaria ­(no es la vida­).
- Dirigirse a un público presente de manera atractiva, convincente, y a la vez conmovedora.
- El espacio y la presencia física determinan el uso de la voz y el habla.
- Se desarrolla en relación estrecha con otros lenguajes escénicos, lo que la somete a múltiples inferencias.
- Se desarrolla en un contexto de comunicación particular, ficcional, con dos emisores y receptores simultáneos, y por tanto sujeto a convenciones.

Referencias:
Abascal, M. D. (2002): La teoría de la oralidad. Tesis doctoral. Alicante: Universidad de Alicante.
Bustos Sánchez, I. (2007). La voz: la técnica y la expresión. Barcelona: Paidotribo.
Carner, S. J. (1890). Tratado de arte escénico. Barcelona: La Hormiga de Oro.
Frutos, B. (2014). Fundamentos técnicos de trabajo del habla escénica (voz y palabra) en el Teatro de La Abadía, 1994-2010. Tesis doctoral. Madrid: Universidad Carlos III.
Funes, E. L. (1894). La declamación española; bosquejo histórico crítico. Sevilla: Tipografía de Francisco P. Díaz.
Guerra y Alarcón, A. (1884) Curso completo de declamación. Madrid: Imprenta de F. Maroto.
Nombela, J. (1909). Impresiones y recuerdos (Vol. I). Madrid: La Última Moda.
Oliva Bernal, C. (2004). La verdad del personaje teatral. Murcia: Universidad de Murcia.
Osipovna Knebel, M. (1996). El último Stanislavski. Madrid: Fundamentos.
Osipovna Knebel, M. (1998). La palabra en la creación actoral. Madrid: Fundamentos.
Rezano, A. (1768). Desengaños de los engaños en que viven los que ven y executan las comedias: tratado sobre la comica, parte principal en la representación: segundo papel que trata de los afectos, acciones, carácter y arreglo de voz. Madrid: Aznar.
Ruiz Contreras, L. (1894). Desde la platea (divagaciones y críticas). Madrid: Imprenta de Antonio Marzo.
Stanislavski, K. S. (1986). El trabajo del actor sobre sí mismo en el proceso creador de la encarnación. Buenos Aires: Quetzal.
Stanislavski, K. S. (2013). Mi vida en el arte. Barcelona: Alba Editorial.
Trancón, S. (2004). Texto y representación. Aproximación a una teoría crítica del teatro. (Tesis doctoral). UNED, Madrid.





[1] En el último tramo del siglo, junto a arte cómicoarte escénicoarte del teatroarte dramático, y arte del actor, aparece la palabra interpretación (Ruiz, 1894: 187; Funes, 1894: 21; Nombela, 1909 [I]: 138).
[2] Stanislavski, 2013: 474.
[3] Stanislavski, 1986: 320.
[4] Brook, 1994: 24; Trancón, 2004: 339; Oliva, 2004: 43, 255; Abascal, 2004: 465.


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