lunes, 5 de diciembre de 2016

La enseñanza vocal en España; de la fisiología al teatro

Comunicación en: I Congreso Internacional Interdisciplinar sobre la Voz.
Instituto Español de la Voz / UNED / Asociación Española de Profesores de Canto / International Brain Research Organization. 

Presentamos una comunicación sobre historia de la educación vocal y del habla escénica, es decir, sobre la voz artística, entre estudios sobre neurología, fonética y lingüística aplicada. Comprender el pasado, es sabido, nos ayuda a comprender el presente y a diseñar el futuro.
Dado que no existe una historia de la formación vocal en el teatro, comenzamos por el siglo XIX en el que se producen significativos cambios en la comprensión del mecanismo de la voz, en las disciplinas implicadas, y en la pedagogía teatral. Como en definitiva se trata de historia, narraré historias que se entrelazan a lo largo del siglo y que permiten seguir:
  • Algunos descubrimientos científicos y médicos sobre la fisiología vocal durante el siglo XIX.
  • Sus consecuencias y aplicaciones a la enseñanza vocal y del canto.
  • La influencia de ambos en la formación actoral a partir de los tratados y manuales de declamación o actuación.
El actor Isidoro Máiquez representó un cambio de ideario y de época en el teatro español: el comienzo del realismo en la actuación, una tendencia que se desarrolló durante todo el siglo XIX y que fue dominante en buena parte de los tratados y manuales de declamación. El presupuesto estético de la “verdad” de la naturaleza, opuesta a las convenciones, provenía del actor neoclásico francés Talma, con quien Isidoro Máiquez había estudiado en París en 1800. En los siguientes años Máiquez triunfaba en los teatros de Madrid y provincias, aunque no siempre. En una crítica en prensa se decía:

En lugar de representada, fué rezada en el coliseo de los Caños y apenas hubo persona, á excepción del Apuntador y los Músicos dé la orquesta, que la oyera, ni entendiera, y por consiguiente nadie pudo enterarse y celebrar los excelentes versos que contiene. (…) porque queriendo sus Actores seguir con toda escrupulosidad aquella Verdad y naturalidad que es tan difícil conseguirse en la escena, han creido que lo lograrán mejor, baxando la voz en la representacion: y lo executan de un modo que no hay tertulia ni concurrencia de una casa particular, en que se hable tan baxo (…) cayendo en una irregularidad ya inverosímil, que destruye y trastorna las mejores piezas (Diario de Madrid, 22 de agosto de 1803, pp. 937-938)*.
Andrés Prieto era entonces discípulo y compañero de Máiquez. Para que se hagan una idea, fue el actor que estrenó en 1806 El sí de las niñas, de Moratín, uno de los eventos más destacados del teatro en España. Prieto sería más tarde maestro honorario de la Escuela Española de Declamación en el Conservatorio de María Cristina, donde se enseñaba declamación lírica y declamación en verso (Soria, 2010). Andrés Prieto escribió en 1835 un valioso manual de Declamación que no se publicó hasta el año 2001, es decir, que permaneció inédito durante 166 años. Por primera vez aparece en un manual un capítulo amplio dedicado a la voz y el habla, Recursos que pertenecen al oído, y otro Del método que debe proponerse el actor dramático, en gran parte dedicado a la voz y la pronunciación.
Prieto conoció a Talma, igual que Isidoro Máiquez, y su teoría de la actuación los reclama como referentes; es la posteriormente llamada “escuela de la verdad”: la vivencia y la expresión natural de las pasiones. Prieto defiende como indispensable la investigación, los conocimientos en anatomía, “cultivar los medios de la expresión como los órganos de la voz y de la pronunciación” (Prieto, 2001, p. 160), y respetar la naturaleza. Equipara los cantantes con los actores, pues en las óperas hay pasajes semejantes a los trágicos del teatro. Los actores líricos deben aplicarse los mismos principios que los trágicos, de modo que deben aprender las reglas y principios de la actuación, pues también son actores y han de combinar la acción teatral y la musical.
Actores y cantantes compartían escenarios. Los cantantes actuaban, al igual que no pocos actores cantaban: Antonio Capo Celada fue primero cantante, después actor, artista plástico, y escribió en 1865 un tratado de Declamación. Carlos Latorre, gran actor y maestro del conservatorio, estudió La geneufonía, el tratado de música de José Joaquín Virués (1831), que había sido adoptado como manual por el Conservatorio.
Andrés Prieto cita algunos artistas que demostraron que se pueden lograr resultados en ambos géneros, como María Malibrán García, Pauline Viardot, y su padre, el cantante y compositor Sevillano Manuel Rodríguez, más conocido como Manuel del Pópulo Vicente García (no confundir con el actor Manuel García de Villanueva y Hugalde Parra, a quien se puso de apodo “el malo” para diferenciarlo del cantante). Prieto, que había huido a México escapando de la represión de Fernando VII durante la Década Ominosa, coincidió con la familia García en México entre 1826 y 1828, donde ambos hacían temporada. En esas mismas funciones cantaba Manuel García (Manuel Patricio Rodríguez García), que con el tiempo se convertiría en el más influyente maestro de canto del siglo XIX. Manuel García dejó los escenarios para dedicarse a la docencia del canto y el estudio de la anatomía y fisiología vocal en París con el prestigioso médico Auguste Segond (Farías, 2012, p. 72), y este a su vez le dedicó su tratado Higiene del cantante (1846).
Louis-Auguste Segond plantea la importancia de conocer la anatomía y fisiología para estructurar los procesos de aprendizaje sin dañar la salud del estudiante: aislar las dificultades y movimientos, seguir una progresión lógica con procesos controlados, reducir el nivel de esfuerzo. Así, cuestiona algunos métodos habituales de los maestros de canto a la luz de las investigaciones científicas (Segond, 1856, p. 84 y s.).
Los hechos constatados generan cuestionamientos de la didáctica, acaban también por afectar a la técnica, y consecuentemente a la estética misma del canto: uso de la respiración, reducción del esfuerzo vocal (y de los riesgos), cambios en el timbre, variaciones en el tono, uso de la pronunciación, dialéctica articulación-sonido (Segond, 1856, p. 99). Emilio Yela (1872, p. 67) atribuye a la estética («el efecto que la voz produce en el oído, y por lo tanto, fundándose solo en las cualidades del timbre») los errores en los términos usados para los registros, que ignoran «los procedimientos que la naturaleza emplea para la producción de la voz».

La obra de Segond se difundió en España por el musicólogo y crítico Juan de Castro en 1856, con añadidos y modificaciones, bajo dos títulos diferentes: Higiene del cantante, y El libro de los oradores y actores. El traductor y editor sin duda consideró que los contenidos sobre fisiología e higiene vocal interesaban igualmente a los actores. Castro insiste en cuestionar la enseñanza del canto a la luz de los descubrimientos de la fisiología. La higiene y la salud vocal toman una difusión y presencia que no habían tenido hasta entonces.

Volvamos a Manuel García: tras la invención del laringóscopo, publicó sus hallazgos en 1854. El prestigio como maestro de canto del Conservatorio de París y después en las más prestigiosas instituciones de Londres, impulsó rápidamente la difusión de sus investigaciones sobre la laringe.

La saga familiar no acaba aquí. Manuel García tuvo un hijo, Gustave García, que además de cantante y maestro de canto, fue profesor de Declamación en la Royal Academy of Music de Londres. Publicó un manual de Declamación, The actor’s art (1888), cuyo primer capítulo está dedicado a la voz –si bien apenas trata de anatomía y fisiología–, y el segundo a la articulación y dicción. Responde al modelo de manual de Declamación del siglo XIX, con partes dedicadas a los principios generales, al habla en escena (voz, articulación de los sonidos del lenguaje, prosodia), el uso del cuerpo, la fisiognómica, los sentimientos y emociones, caracterización, análisis de escenas, e historia del teatro. Un tratado práctico sobre declamación, hablar en público y comportamiento escénico, que tiene elementos comunes con el de Andrés Prieto y otros manuales de Declamación, como el de Vicente Bastús de 1833 (texto oficial de la Escuela Española de Declamación durante más de veinte años hasta, como poco 1857, en que Julián Romea fue nombrado profesor de declamación).

En el año 1857, Emilio Yela de la Torre era estudiante en la Escuela Normal de Madrid, que estaba ubicada en el “Colegio de sordo-mudos y ciegos”. Estudió la literatura dramática, y en 1868 estaba en París haciendo estudios musicales, y escribiendo un Manual teórico del canto. Como los métodos franceses e italianos de canto no resolvían sus dudas sobre las dificultades que tenía, acudió al estudio de la fisiología para encontrar la explicación a los fenómenos vocales a través de la ciencia. Al revelar los «misterios vocales» y ver con exactitud qué es la voz, pudo plantear como educarla convenientemente, y «desterrar antiguas, y erróneas ideas que tanto perjudican á la enseñanza y al arte por consiguiente» (Yela de la Torre, 1872, p. 8). Cantó en la compañía de la ópera italiana de París, estudió medicina, fisiología con el Doctor Edouard Fournié (1833-1886) para conocer de manera precisa el funcionamiento del mecanismo vocal y poder aplicarlo a la enseñanza. Asistía a observar las clases de Stéphen de la Madelaine en el Conservatorio de París, y conocía la obra de Auguste Segond y de Manuel García, del que dice: «ha venido á enlazar íntimamente la ciencia con el arte» (Yela de la Torre, 1872, p. 30). Tuvo una academia en Madrid, y publicó en 1872: La Voz. Su mecanismo, sus fenómenos, su educación, según los principios de la física, la anatomía y la fisiología; según María del Coral Morales (2008, p. 856), que ha estudiado a fondo los manuales de canto de la época, su significación reside en haber sido el «Primer tratado español que basa sus teorías y método de enseñanza en el conocimiento fisiológico de la voz». En París, a mediados de los años 70, fundó una academia de canto en la que enseñaba declamación M. Gallieu, profesor de actuación y declamación del teatro del Odeon (Public Ledger, Memphis, 15.10.1877); Yela también impartía “talking lessons” (Cincinnati daily star, Cincinnati, 22.8.1878).

En 1892 Emilio Yela de la Torre publicó en Nueva York, con el nombre de Emilio Belari, Vocal Teaching is a Fraud: A Reasoned Demonstration of the Errors of Vocal Education and Their Disastrous Consequence; el libro, efectivamente, no deja títere con cabeza. Belari reclama un código deontológico para los profesores de voz: la enseñanza vocal desconocía o no entendía los principios básicos, que deben basarse en el conocimiento objetivo, y no en la especulación, las profecías o la credulidad. Sobre los estudiantes afirma:
“La mayor parte afectada de laringitis, amigdalitis crónica, gránulos en la faringe, inflamación de la membrana mucosa, o afonía intermitente, y casi todos con apariencia de debilidad, algunos de ellos muestran síntomas de tisis de laringe o pulmones. ¡Este es el trabajo de la enseñanza vocal en nuestros días!” (Belari, 1892, p. 8).
A pesar de la significación de su obra, y de haber sido reputado profesor de canto y “cultura vocal” en Madrid, París, y Nueva York hasta su muerte en 1907, como refleja la prensa de la época, la vida y obra de Emilio Belari / Emilio Yela de la Torre, es prácticamente desconocida.
Ricardo Botey (1855-1921) fue un médico Barcelonés cuya carrera se centró progresivamente en Otorrinolaringología, especialidad que no existía y que gracias a su impulso se estableció en las facultades de Medicina desde 1902. Desarrolló la cirugía laríngea (por ejemplo la extirpación de los nódulos vocales) y diversos tratamientos de manera muy significativa, dando a la especialidad el lugar que hoy ocupa en la medicina. Higiene, desarrollo y conservación de la voz (1886) es un «un compendio de higiene de la voz» que pretende ayudar a «mejorar la enseñanza actual del canto, unificando y regularizando bajo bases más seguras y positivas el arte de cantar y de conservar la voz» (Botey, 1886, p. 13).
En los textos de Segond (1846), Castro (1856), García (1854), Yela (1872, 1892) y Botey (1882), hay un severo cuestionamiento de la pedagogía del genio, del talento innato, y de los resultados rápidos. Emilio Yela cita a Aristóteles: «si la voz es un don de la naturaleza, el canto es un beneficio del arte y del estudio» (Yela de la Torre, 1872, p. 158). El proceso didáctico se relaciona de manera evidente con la fisiología, la salud, la carrera profesional y los resultados artísticos. Se exige un orden secuencial, coherente y seguro, de los contenidos y habilidades. Este tipo de reflexión sobre la metodología puede rastrearse en los tratados de Declamación a partir de los años sesenta.
La cuestión del “genio” individual, un legado del romanticismo, se mantuvo siempre activa, y pudo condicionar la formación en las escuelas de Declamación, en el sentido de generar cierta desconfianza o desprecio por las técnicas, las explicaciones científicas, y la formación reglada. El principio ha pervivido en las enseñanzas artísticas, en el arte dramático y muy significativamente en la interpretación, a través de la irrevocable tendencia del actor a huir de las “reglas” amparándose en la “verdad”, la “pasión” y la “intuición”, con puntos de vista próximos a la religión. Los sucesivos intentos de reforma del teatro tuvieron un pilar básico en la formación de los cómicos, y desde los primeros intentos del siglo (La Junta de Reforma de los Teatros de 1799) hubo resistencia de los actores. La “Escuela de la verdad” se oponía al establecimiento de disciplinas con principios:
P. ¿Es decir, que no tiene usted reglas precisas y fijas que dar en la materia?
R. No, señor. Y si hubiera la pretensión de dar algunas, serían, cuando menos, inútiles. El verdadero artista las hallará en su instinto, en su corazón y en su Talento (Romea, 1858, pp. 164-165).
 El actor nace y por tanto no se puede enseñar a ser actor. Desde este paradigma estético providencialista cada individuo ya tiene la verdad de antemano, que es el contenido, el fondo, lo esencial, de lo cual todo lo material es sólo un reflejo, la forma necesaria, pero accesoria. La conexión de la inspiración artística con el alma de la persona implicaba una visión trascendente que se amparaba en la experiencia emocional individual, y que por tanto desconfiaba de la objetivación de los fenómenos y de la ciencia, a pesar de reivindicar la naturaleza como fuente de verdad: “El arte es la verdad” (Romea, 1858, p. 58).
Esta estética es reconocible en muchos manuales de declamación, y probablemente limitó el avance de la disciplina vocal en el teatro hablado. La forma está al servicio de la transmisión del fondo: el cuerpo ha de cuidarse porque es la «maquinaria» necesaria para transmitir. Y la mejor manera de transmitir es la sinceridad, la espontaneidad y la naturalidad; a través de la «llama que alumbra el camino del arte y que solo enciende Dios» (Romea, 1858, p. 62); los sentimientos y las ideas se transmiten del orador al auditorio por simpatía. De ahí que los dones de la naturaleza, el «don divino» y particular que cada cual ha recibido, espiritual y físico, sea lo determinante. Por eso no puede haber reglas, y la utilidad de la formación técnica especializada está supeditada al talento innato.
Con toda probabilidad la crisis social, política y de valores, que se hizo patente en los últimos años del siglo XIX coadyuvó a planteamientos progresivamente más alejados del subjetivismo romántico. Los tratados de declamación plantean de manera crítica la inmunidad subjetiva del actor, la irregularidad de los actores, e inciden con creciente determinación en la necesidad de objetivar su arte sobre reglas y consejos seguros, amparándose en lo posible en los conocimientos científicos (Pizarroso, 1867; Guerra, 1884; Carner, 1890; Risso, 1892). La enseñanza de la voz en la declamación fue incorporando la perspectiva científica que provenía de la fisiología, la higiene vocal, la filología y la psicología. Citaré algunos casos.
Antonio Capo (1865: 20) afirmaba que la Declamación «tiene tal conexion con todas las artes, que las reglas generales de aquellas, lo serán siempre para la declamacion», es decir, que existen las reglas de la naturaleza, y los principios que artistas inteligentes y estudiosos han autorizado. Son argumentos que ya había expuesto públicamente José de la Revilla (1832), y que defenderán Antonio Pizarroso (1867), Antonio Guerra y Alarcón (1884), Juan Risso (1892), e incluso Lorenzo Prohens (1899).
Álvaro Romea (1882), profesor del Conservatorio, señalaba la importancia de la formación intelectual y estética para que el actor pueda guiar su propio proceso artístico. Además, la ciencia aporta elementos para el conocimiento del hombre, que es el principal objeto de estudio del actor.
En el Curso completo de declamacion (1884) de Antonio Guerra y Alarcón, las referencias a la anatomía y fisiología de la laringe (capítulo VII), así como a la clasificación de las voces en el canto (capítulo VIII), y la referencia particular a la ventriloquía son nuevas en los tratados, e indican que Guerra muy probablemente conocía el tratado de Yela de la Torre (1872), único antecedente en que aparecen todas estas cuestiones, que no están en los manuales de canto.
Gustave García (1888, p. VII) habla de la imprescindible naturalidad, pero se dice convencido de que el canto y la actuación pueden reducirse, como la gramática, a una serie de reglas.
Sebastián Carner (1890, p. 41) pretende plantear denominaciones disciplinares precisas para establecer una taxonomía del arte escénico, en la que la voz, la ortofonía, y la dicción, forman parte de los medios del arte del actor. Pretende “metodizar el estudio del arte escénico» (Carner, 1890: 25).
Juan Risso (1892, p. 14): “Nosotros opinamos, que de la misma manera que se puede estudiar cualquiera otra ciencia, cualquier otro arte, puede estudiarse el arte dramático”.
Lorenzo Prohens (1899) dedica buena parte de sus Indicaciones sobre la declamación a la voz, y recoge los aportes citados sobre higiene vocal y didáctica; los principios que se aplicaban al canto, se aplican ahora a la Declamación.
Emilio Belari [Yela de la Torre] (1892, p. 45):
 “El arte de educar la voz comenzará a entrar en un camino racional (…) será forzado a seguir las lecciones de la experiencia y los descubrimientos de la ciencia que ha venido a darnos su ayuda poderosa”.

* En las citas se ha respetado la ortografía del original.

Referencias:

Belari [Yela de la Torre], E. (1892). Vocal Teaching is a Fraud: A Reasoned Demonstration of the Errors of Vocal Education and Their Disastrous Consequences. New York: M. M. Hernández.
Botey Ducoing, R. (1886). Higiene, desarrollo y conservación de la voz. Barcelona: Tipografía La Academia.
Capo Celada, A. (1865). Consejos sobre la Declamacion. Madrid: Imprenta del Colegio de sordo-mudos y de ciegos.
Carner, S. J. (1890). Tratado de arte escénico. Barcelona: La Hormiga de Oro.
Cincinnati daily star (1878, agosto 22).
Farías, P. (2012). Manuel García. Su influencia en el nacimiento de la laringología.Tópicos iberoamericanos en voz cantada y hablada. Volumen I, p. 68. Córdoba (Argentina): F.I.V.C.H.
García, M. (1854). Physiological Observations on the Human Voice. Proceedings of the Royal Society of London, Philosophical Transactions of the Royal Society, 1854-01-01.: 399–410. London: Royal Society of London.
García, G (1888). The actor’s art: a practical treatise on stage declamation, public speaking, and deportment. London: Messrs Simpkin, Marshall, & Co. Segunda edición.
Guerra y Alarcón, A. (1884). Curso completo de Declamación. Madrid: Imprenta de F. Maroto e Hijos.
Pizarroso y García Corvalán, A. (1867). Reflexiones sobre el arte de la declamación. Madrid: Imprenta de R. Labajos.
Prieto, A. (1835). Teoría del arte cómico y elementos de oratoria y declamación para la enseñanza de los alumnos del Real Conservatorio de María Cristina. Madrid: Ms. 2.804 de la Biblioteca Nacional de Madrid. Recuperado de: http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000051230&page=1
Prieto, A. (2001). Teoría del arte dramático (J. Vellón Lahoz, Ed.). Madrid: Fundamentos.
Prohens, L. (1899). Indicaciones sobre la declamación. Palma: Tipografía de Umbert y Mir.
Public Ledger, Memphis (1877, octubre 15).
Respondon, E. (1803, agosto 23). Respuesta á la carta del Pregunton. Diario de Madrid, 234, p. 937. Recuperado de: http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0001635271&page=1&search=Respuesta+á+la+carta+del+Pregunton&lang=es
Risso, J. (1892). Breves apuntes para el estudio del arte dramático. Barcelona: imp. de F. Sanchez.
Romea, J. (1858). Ideas generales sobre el arte del teatro para uso de los alumnos de la clase de Declamación del Real Conservatorio de Madrid. Madrid: Abienzo.
Romea, Á. (1882). Ideas sobre la enseñanza de la Declamación. Revista contemporánea. Madrid. Nº 39. P. 195-199.
Segond, L. A. (1846). Hygiène du chanteur: influence du chant sur l'économie animale; causes principales de l'affablissement de la voix... París: Labé.
Segond, L. A. (1856). El libro de los oradores y actores. Higiene del cantante influencia del canto sobre la economía animal, causas principales de la debilitación de la voz y del desarrollo de varias enfermedades en los cantantes, medios para precaver dichas enfermedades. Traducción y edición: Castro, J. Madrid: Imprenta de Don Pedro Montero.
Sosa, J. O. (2012). La crítica de ópera en la primera década del México independiente. Pro Ópera, Marzo-Abril 2012, 42-47. México: Pro Ópera AC.
Soria, G. (2010). La formación actoral en España: La Real Escuela Superior de Arte Dramático (1831-1857). Madrid: Fundamentos.
Yela de la Torre, E. (1872). La voz: su mecanismo, sus fenómenos y su educación según los principios de la física, la anatomía y la fisiología por Emilio Yela de la Torre, primer tenor de la ópera italiana, profesor de canto y perfeccionamiento de la voz, etc. Madrid: Establecimiento tipográfico de R. Vicente.
Vieites, M. (2014). La Educación Teatral: nuevos caminos en la Historia de la Educación. Historia de la Educación, Revista interuniversitaria, 33-2014, p.325. Salamanca: Universidad de Salamanca.


domingo, 17 de abril de 2016

¿Habla escénica?

El término habla escénica no aparece en Castellano, que sepamos, hasta 1996.
Se había utilizado cadencia cómica (Rezano, 1768: 70) y genéricamente declamación, cuando en el siglo XIX los maestros del teatro se esforzaron en diferenciarla de la retórica y la oratoria, a la que se asociaba desde los tratados clásicos de Cicerón y Quintiliano. A los maestros y actores declamación les parecía un término inadecuado para definir el arte del actor, porque se pensaba en la ampulosa y demodé actuación barroca.
Usaban palabras técnicas como alientosacento de la vozinflexionespronunciaciónprosodiatonodicciónlocuciónhablar en escena, etc., y con el tiempo acuñaron otras expresiones disciplinares como artes de la palabra (Guerra, 1884). Los términos del canto se mantuvieron muy estables, mientras los avances científicos de la filología (gramática, ortología), física, anatomía, fisiología, psicología, aportaron una terminología más objetiva desde mediados del siglo XIX, y similar a la actual. Por su parte las teorías estéticas del arte escénico [1] clasificaban la Voz, Ortofonía y Dicción dentro de la Tónica, uno de los medios expresivos básicos de los actores (Carner, 1890: 44).
El concepto de Habla escénica como parte de la formación y el trabajo del actor fue formulado vigorosamente por Stanislavski, sin embargo, la expresión no aparece como tal en sus textos, sino habla en escena” [2], lenguaje escénico” [3] o “El arte de hablar en escena” [4]. Con toda probabilidad el término fue acuñado por sus discípulos, de donde pasó a denominar una asignatura obligatoria en el GITIS (Instituto Nacional de Arte Teatral, en Moscú): сценическая речи, [stsenicheska pre:tsi]; en Inglés scenic speech, y en Castellano: habla escénica o de la escena.
En 1996 se publicó en España la traducción de El último Stanislavski, de su discípula María Osipovna Knebel, y en 1998 La palabra en la creción actoral. Es la primera vez que aparece el término habla escénica en Castellano, introducido en la traducción por Jorge Saura, que precisamente había estudiado en el GITIS. En estas ediciones de la Editorial Fundamentos colaboraba el Teatro de La Abadía y los prólogos son de José Luis Gómez, que también usa la expresión. Finalmente, Saura introdujo el término en la traducción de El trabajo del actor sobre sí mismo en el proceso creador de la encarnación, de 2015, y nos indica que en los diversos capítulos previstos por Stanislavski –que no dejó un orden claramente establecido– siempre hubo uno titulado “Habla escénica” [5] (Stanislavski, 2015: 9), cuyo contenido se refería a voz, lenguaje y palabra (llamado La voz y el lenguaje en la edición de Quetzal de 1986).
Frutos (2014: 87 y s.) refiere que en La Abadía Vicente Fuentes había impartido voz y palabra desde 1995, y que José Luis Gómez leyó una conferencia titulada El habla escénica en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en 1998. Los cursos de Ernesto Arias y Vicente Fuentes, ambos vinculados a La Abadía desde sus orígenes, incluyen habitualmente habla escénica” en sus programas.
Desde el año 2010 viene siendo utilizada en el Departamento de Voz y Lenguaje de la ESAD de Murcia. Es una asignatura del Grado en Artes Escénicas de la Universidad Nebrija de Madrid. Igualmente aparece en tres tesis: Frutos (2014) ; Varona (2015); Puerta (2016).

Subyace de manera generalizada la división en dos partes: voz y palabra. Además, el concepto desborda la comunicación teatral (“habla teatral”. Trancón, 2004), pues son muy diversos los profesionales que hacen un uso escénico y artístico de la voz y el habla: cantantes, maestros y profesores, oradores, predicadores, locutores, rapsodas... (Bustos, 2007: 40), y que no son actores.

La actividad teatral es considerada una construcción disciplinar de la oralidad (Abascal, 2002: 465), es decir, con unos contenidos y técnicas propias; pero el asunto desborda este post...

¿Qué diferencia entonces el habla escénica teatral? Se han señalado algunos rasgos [6]:
- Uso artístico de la voz y el lenguaje.
- Ocupa un espacio propio, entre el habla literaria ­(no es literatura)­ y el habla ordinaria ­(no es la vida­).
- Dirigirse a un público presente de manera atractiva, convincente, y a la vez conmovedora.
- El espacio y la presencia física determinan el uso de la voz y el habla.
- Se desarrolla en relación estrecha con otros lenguajes escénicos, lo que la somete a múltiples inferencias.
- Se desarrolla en un contexto de comunicación particular, ficcional, con dos emisores y receptores simultáneos, y por tanto sujeto a convenciones.

Octubre 2023. Una curiosidad. Habla escénica definida por IA: "El habla escénica se refiere al uso de la voz y el lenguaje en el contexto de la actuación teatral o escénica. Es una disciplina que se centra en el desarrollo de habilidades vocales y lingüísticas para transmitir de manera efectiva los personajes, emociones y mensajes en el escenario".

Referencias


Abascal, M. D. (2002). La teoría de la oralidad. Tesis doctoral. Alicante: Universidad de Alicante.Bustos Sánchez, I. (2007). La voz: la técnica y la expresión. Barcelona: Paidotribo.
Carner, S. J. (1890). Tratado de arte escénico. Barcelona: La Hormiga de Oro.
Frutos, B. (2014). Fundamentos técnicos de trabajo del habla escénica (voz y palabra) en el Teatro de La Abadía, 1994-2010. Tesis doctoral. Madrid: Universidad Carlos III.
Funes, E. L. (1894). La declamación española; bosquejo histórico crítico. Sevilla: Tipografía de Francisco P. Díaz.
Guerra y Alarcón, A. (1884). Curso completo de declamación. Madrid: Imprenta de F. Maroto.
Nombela, J. (1909). Impresiones y recuerdos (Vol. I). Madrid: La Última Moda.
Oliva Bernal, C. (2004). La verdad del personaje teatral. Murcia: Universidad de Murcia.
Osipovna Knebel, M. (1996). El último Stanislavski. Madrid: Fundamentos.
Osipovna Knebel, M. (1998). La palabra en la creación actoral. Madrid: Fundamentos.
Puerta, M. D. (2016). Estudio de las variables de flujo en el habla escénica en arte dramático. Tesis doctoral. Córdoba: Universidad de Córdoba.
Rezano, A. (1768). Desengaños de los engaños en que viven los que ven y executan las
comedias: tratado sobre la comica, parte principal en la representación: segundo papel que trata de los afectos, acciones, carácter y arreglo de voz. Madrid: Aznar.
Ruiz Contreras, L. (1894). Desde la platea (divagaciones y críticas). Madrid: Imprenta de Antonio Marzo.
Stanislavski, K. S. (1986). El trabajo del actor sobre sí mismo en el proceso creador de la encarnación. Buenos Aires: Quetzal.
Stanislavski, K. S. (2015). El trabajo del actor sobre sí mismo en el proceso creador de la encarnaciónBarcelona: Alba Editorial.
Stanislavski, K. S. (2013). Mi vida en el arte. Barcelona: Alba Editorial.
Trancón, S. (2004). Texto y representación. Aproximación a una teoría crítica del teatro. (Tesis doctoral). UNED, Madrid.
Varona, A. (2015). Habla escénica es España. El siglo XIX y los tratados de declamación. Tesis doctoral. Murcia: UM.

Notas


[1] En el último tramo del siglo, junto a arte cómicoarte escénicoarte del teatroarte dramático, y arte del actor, aparece la palabra interpretación (Ruiz, 1894: 187; Funes, 1894: 21; Nombela, 1909 [I]: 138).
[2] Stanislavski, 2013: 474.
[3] Stanislavski, 1986: 320.
[4] Stanislavski, 1975: 135; Stanislavski, 1986: 81.
[5] “(...) uno de los capítulos más modificados y del que existen más versiones, la última de las cuales data, según nota manuscrita de Stanislavski, de marzo de 1937, un año antes de la muerte de su autor” Saura, en Stanislavski, 2015, nota 24.
[6] Brook, 1994: 24; Trancón, 2004: 339; Oliva, 2004: 43, 255; Abascal, 2004: 465.

martes, 22 de marzo de 2016

Kaboomba!

/'pasa ke ˌpasa ke ˌpasa 'pasa ke ˌpasa ke ˌpasa 'pasa ke ˌpasa ke ˌpasa 'pa | kaβ'ǔːmba/

Esta secuencia de sonidos surgió hará unos diez años a partir de una canción de Bad Boys Batucada, una banda de percusión de Melbourne que mezclaba los ritmos brasileños con hip-hop, rock australiano, reggeae y funk. Su primer álbum se llamó Bad Boys Batucada (1995) y después Kaboomba (1996). Participaron en los festivales Womad y aportaron parte de la banda sonora de Un pez llamado Wanda (1988). 
Al paso del tiempo la secuencia encontró variaciones útiles y divertidas para trabajar la agilidad articulatoria y pronunciación. Afortunadamente, ha saltado a las rutinas de entrenamiento fuera del aula, por ello os explico cómo funciona, y una secuencia para desarrollar. 

Primero:
  • Prepara los articuladores: deben funcionar ágiles y sin exceso de tensión.
  • ¡No hace falta articular exageradamente!
  • Usa voz hablada, en tu tono natural.
  • Estudia detalladamente la articulación de los sonidos, ¡sólo son 6 consonantes! 
Después:
  • Fíjate en las pausas, antes y después de /kaβǔːmba/. Practica la inspiración costal, súbita, silenciosa; el movimiento (el Samba hará que te muevas), te ayuda a inspirar sin esfuerzo y sin presiones abdominales sobre el diafragma. Hay un periodo largo, y uno corto.
  • Observa los acentos primarios y secundarios: el ritmo está en tu boca. Mejor usar el tono que la intensidad.
  • Usa la /a/ para descomprimir mandíbula, lengua, labios, velo del paladar, y descansar, especialmente en /kaβǔːmba/. Pon atención en evitar una excesiva retracción de la lengua.
  • Cambia las vocales, pero mantén la /a/ en /kaβǔːmba/: /'pese ke ˌpese ke ˌpese 'pese ke ˌpese ke ˌpese 'pese ke ˌpese ke ˌpese 'pe | kaβ'ǔːmba/ - /'poso ko ˌposo ko ˌposo 'poso ko ˌposo ko ˌposo 'poso ko ˌposo ko ˌposo 'po | kaβ'ǔːmba/ - /'pisi ki ˌpisi ki ˌpisi 'pisi ki ˌpisi ki ˌpisi 'pisi ki ˌpisi ki ˌpisi 'pi | kaβ'ǔːmba/ - /'pusu ku ˌpusu ku ˌpusu 'pusu ku ˌpusu ku ˌpusu 'pusu ku ˌpusu ku ˌpusu 'pu | kaβ'ǔːmba/. Observa los cambios en los articuladores y la voz, y cómo funcionan con cada vocal. Alterna la /a/ con el resto de vocales y, si quieres, puedes buscar la uniformidad del timbre. Presta atención a las tensiones: si la lengua o el velo del paladar se cansan en exceso, tómate un descanso antes de seguir.
  • Da relieve a cada consonante sobre el resto, pero sin exagerar [p], [s], [k]. [β], [m], [b]. Dilátala, impúlsala.
  • Continúa cambiando la /p/ por otras consonantes sucesivamente. Por ejemplo: /'masa ke ˌmasa ke ˌmasa 'masa ke ˌmasa ke ˌmasa 'masa ke ˌmasa ke ˌmasa 'ma | kaβ'ǔːmba/ Me gusta avanzar desde el exterior (labios) hasta el interior (velo): bilabiales (/m/, /b/, [β]), labiodentales (/f/), interdentales (/d/ [ð], /z/ [Ɵ]), dentales (/t/, /d/), alveolares (/n/, /l/, /r/, /rr/, /s/), palatales (/y/, /hi/, /ll/, [ʝ], [ʤ], /ch/[Ɉ], /ñ/ [ɲ]), velares (/k/, /g/ [ɡ] [ɣ], /j/ [x]).
Finalmente:
  • "Palabrarismos": combina vocales y consonantes. A medida que practiques encontrarás nuevas, divertidas, y enrevesadas posibilidades.
  • Prueba distintas dimensiones y esfuerzos al articular.
  • Introduce cambios en la voz (tono, timbres, direcciones, distancias, intenciones, animales, instrumentos, desplazamientos).
  • Descansa los articuladores (bostezos suaves, masajes).
Ten en cuenta: 
  • Mantener la voz timbrada, cómoda pero enérgica.
  • Los sonidos cambian según su posición junto a otros sonidos o el acento; habrá casos en los que tengas que adaptar o combinar. Por ejemplo, /b/ y [β]/'basa ke ˌβasa ke ˌβasa 'basa ke ˌβasa ke ˌβasa 'basa ke ˌβasa ke ˌβasa 'ba | kaβ'ǔːmba/. También es un buen ejercicio para diferenciar /d/ dental e [ð] interdental: /'dasa ke ˌðasa ke ˌðasa 'dasa ke ˌðasa ke ˌðasa 'dasa ke ˌðasa ke ˌðasa 'da | kaβ'ǔːmba/.
  • Hay combinaciones más difíciles que otras según los sonidos y articuladores implicados, o según el desplazamiento de la lengua. Descubre tus combinaciones fáciles y resistentes.
  • Mide el tiempo y el esfuerzo para no congestionar los músculos. 
  • Dominar los sonidos requiere hábito, repetición.
  • Construye máscaras con tu cara (mejor disimétricas) y cuerpo. Cada vocal o consonante te  "sugerirá" algo diferente. Mantén relativamente amplio el espacio posterior de la boca y de la faringe.
  • Siente el ritmo, baila, muévete, juega.

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jueves, 25 de febrero de 2016

Habla Escénica en España. El siglo XIX y los tratados de Declamación

Esta tesis ha permitido conocer la parte de la educación teatral vinculada al Habla Escénica (un arte con principios, procesos y reglas), sus contenidos, los métodos didácticos, y las formulaciones disciplinares progresivamente emancipadas de la retórica, la oratoria, el canto, y las tradiciones de la declamación. Presenta un estudio de la voz y el habla a través de los manuales y tratados de declamación del siglo XIX en España. Pone la atención en el papel de esta disciplina en la formación y el trabajo del actor, la puesta en escena y recepción (espectador y crítica). El interés por la formación de los actores generó la fundación de instituciones educativas como la Escuela de Declamación Española en 1832, la proliferación de manuales asociados a las clases, y tratados destinados tanto a profesionales como a las abundantes sociedades de aficionados. La investigación establece en una primera parte las bases teóricas y metodológicas para el estudio del habla escénica en relación con la educación teatral y la actuación. En la segunda parte estudia treinta y tres textos de veintinueve autores, a través de los que se describen los antecedentes —fundamentalmente franceses—, la intertextualidad entre tratados, el contexto histórico, teatral, educativo, y se define el Habla Escénica como disciplina escolar y artística en relación con los principios estéticos y estilos de actuación, la práctica escénica y la didáctica.

lunes, 23 de febrero de 2015

En manos del cuerpo

La historia biológica individual y colectiva de nuestros cuerpos ha acumulado una serie de mecanismos que nos permiten sobrevivir de la mejor manera posible. Son procesos inconscientes regulados por el cerebro más primitivo, por debajo del sistema límbico, realizando tareas de manera automática sin el concurso de la voluntad o la conciencia. De hecho vivimos gracias a estos procesos. Si en la configuración del yo consciente e inconsciente cumple un papel fundamental la información que llega al cerebro desde el cuerpo (Damasio, 2010), parece que supone aproximadamente un 90 % de la actividad del sistema nervioso. El otro 10 % son señales que emite el cerebro hacia el cuerpo, y de ellas solo algunas implican la actividad consciente. 

El temblor neurogénico es un mecanismo tan primitivo que parece tener su origen en la médula espinal. Aparece asociado a la actividad de la cadena muscular vinculada con los mecanismos de huida, lucha o inmovilidad; es decir, con la supervivencia. Por tanto tiene que ver con el sistema nervioso autónomo, y sus procesos se relacionan con la memoria procedimental. Son procesos de activación (sistema simpático) o desactivación (parasimpático). Pero las situaciones de supervivencia, al igual que las de estrés o ansiedad – algo inherente al hecho de estar vivos – desatan reacciones inconscientes que por desgracia dejan huella en nuestros cuerpos: tensiones musculares, descargas hormonales, señales emocionales. Huellas que en ocasiones se enquistan y perduran, bien por nuevas experiencias, bien por recuerdo de las pasadas. El temblor es un proceso detectado primeramente en animales y en los niños mediante el cual el cuerpo es capaz de restaurar su equilibrio, de reponerse para abordar mejor las nuevas situaciones. ¿A quién no se le ha puesto a temblar descontroladamente una pierna sobre el escenario o en una situación comprometida?

Desde hace unos años David Berceli, experto en intervenciones en situaciones de trauma severo y stress postraumático, ha desarrollado un sistema que permite activar el temblor neurogénico de manera controlada y segura; en otras palabras, permitir que el cuerpo sin intervención o interferencia directa del neocórtex active su propio mecanismo de restauración de las tensiones. De hecho, una excesiva alerta de la conciencia, la observación o la voluntad, puede inhibir el temblor, tal como ocurre en el comportamiento social. Su técnica, insultantemente sencilla, ha sido elaborada para poblaciones amplias y para utilizarse de manera autónoma (sí, sin tener que pagar a un experto cada vez). Todo ello supone un principio de autoridad sobre nosotros mismos, de independencia y responsabilidad. 

Más allá de la utilización y aplicaciones concretas (todavía por desarrollar en nuestro campo) el temblor neurogénico nos permite ponernos en manos del cuerpo, y por ello resulta sorprendente, placentero, subversivo, revelador. Ni magia, ni religión, ni misterios. Plantea de inmediato una suerte de regreso al dualismo (soy yo, no soy yo), que pronto se resuelve en unidad en torno al reencuentro –físico– entre cuerpo y mente, lo que es sí mismo una experiencia trascendente.

Referencias:
Berceli, D. (2008). Liberación del trauma. Santiago: Cuatro Vientos.
Damasio, A. (2010). Y el cerebro creó al hombre. Barcelona: Destino.



miércoles, 16 de octubre de 2013

Joseph Jacotot, la razón y el lenguaje

El movimiento para la emancipación intelectual fue una de las consecuencias de la ilustración y del ideario de la Revolución Francesa. Los planteamientos pedagógicos de Joseph Jacotot (1770-1840) excedieron el ámbito de la educación y apuntaban al hombre entendido en una perspectiva amplia. Propuso un método didáctico cuestionador. Recojo aquí algunos párrafos al respecto del lenguaje, la comunicación y el arte. Gracias, Concha.

Rancière, Jacques (1987) El maestro ignorante. Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual. Barcelona, 2003. Ed. Laertes. P.37 y ss.

«(...) el pensamiento se convierte en palabra, después esta palabra o esta expresión vuelve a ser pensamiento; una idea se hace materia y esta materia se hace idea; y todo esto es resultado de la voluntad. Los pensamientos vuelan de un espíritu a otro sobre el ala de la palabra. Cada expresión es enviada con la intención de llevar un único pensamiento, pero a espaldas del que habla y como a pesar suyo, esa palabra, esa expresión, esa larva, se fecunda por la voluntad del oyente; y la representante de una mónada se convierte en el centro de una esfera de ideas que proliferan en todos los sentidos, de tal modo que el hablante, además de lo que quiso decir, dijo realmente una infinidad de otras cosas; (...)»46
(...) este esfuerzo constante por traducir y contratraducir los pensamientos en palabras y las palabras en pensamientos. Esta voluntad que preside la operación no es una receta de taumaturgo. Es el deseo de comprender y hacerse comprender sin el cual ningún hombre daría sentido a las materialidades del lenguaje.
(...) Toda palabra, dicha o escrita, es una traducción que sólo tiene sentido en la contratraducción, en la invención de las causas posibles del sonido oído o de su rastro escrito: la voluntad de adivinar que se aferra a todos los indicios para saber lo que tiene que decirle un animal razonable que la considera como el alma de otro animal razonable.(...)
Improvisar es, se sabe, uno de los ejercicios canónicos de la enseñanza universal. Pero es, en primer  lugar,  el  ejercicio  de  la  virtud  primera  de  nuestra  inteligencia:  la  virtud  poética.  La imposibilidad de decir la verdad, a pesar de sentirla, nos hace hablar como poetas, narrar las aventuras de nuestro  espíritu y comprobar  que son entendidas  por  otros  aventureros, comunicar  nuestro sentimiento y verlo compartido por otros seres que también sienten. La improvisación es el ejercicio a través del cual el ser humano se conoce y se confirma en su naturaleza de ser razonable, es decir, de animal «que crea palabras, figuras, comparaciones, para contar lo que piensa a sus semejantes».48 La virtud de nuestra inteligencia es menos saber que hacer. «Saber no es nada, hacer es todo.» Pero este hacer es básicamente acto de comunicación. Y, por eso, «hablar es la mejor prueba de la capacidad de hacer cualquier cosa».49 En el acto de la palabra el hombre no transmite su conocimiento sino que poetiza, traduce, e invita a los otros a hacer lo mismo. Comunica como artesano:  manipulando las palabras como herramientas. El hombre comunica con el hombre por la obra de sus manos así como por la de las palabras de su discurso: «Cuando el hombre actúa sobre la materia, las aventuras de este cuerpo se convierten en la historia de las aventuras de su espíritu.»50 Y la emancipación del artesano es, en primer lugar, la reconquista de esta historia, la conciencia de que su actividad material es de la misma naturaleza del discurso. Comunica poetizando: como un ser que cree su pensamiento comunicable, su emoción susceptible de ser compartida. Esta es la razón por la cual la práctica de la palabra y la concepción de toda obra como discurso son, en la lógica de la enseñanza universal, un preliminar a todo aprendizaje. Es necesario que el artesano hable de sus obras para emanciparse; es necesario que el alumno hable del arte que quiere aprender. «Hablar de las obras de los hombres es el medio de conocer el arte humano.»51


Notas que aparecen:
46 Enseignement universel. Droit et philosophie panécastique, Paris, 1838, p. 11-13.
47 Ibid., p. 231.
48 Musique, p. 163. 49 Ibid., p. 314. (Enseignement universel. Musique, 3.a ed. París, 1830, p. 349.)
49 Ibid., p. 314.
50 Droit et philosophie panécastique, p. 91.
51 Musique, p. 347